1. La canica azul
El 10 de abril de 2026, la cápsula Orion cayó en el Pacífico. Cuatro astronautas — Wiseman, Glover, Koch, Hansen — acababan de pasar por detrás de la Luna y volver, sin alunizar, sin quedarse, apenas rozando el borde de lo que creíamos imposible. Esta fue la primera vez desde 1972 que personas viajaron al espacio profundo. La nave tenía el nombre Integrity.
La prensa lo bautizó Moon Joy. Las redes mostraron muchas banderas y también muchos emojis de cohetes. Reid Wiseman, el comandante, dijo que la misión quería unir al mundo.
Nadie preguntó lo obvio.
¿Unir al mundo? ¿Ahora?
Durante meses hemos visto cómo el orden internacional se rompe ahora mismo. Los aranceles suben varias veces. Alianzas que se rompen. Una guerra en Europa que ya nadie sabe cómo terminar. Y en medio de todo eso, mandamos a cuatro personas a rodear la Luna para que nos cuenten, desde cuatrocientos mil kilómetros de distancia, que la Tierra se ve como una canica azul sin fronteras.
La imagen se ve muy bien. Es muy bonita. Y eso es lo que debería preocuparnos.
2. Lo que el niño ya sabía
Jean Piaget pasó décadas mirando a niños pensar. No le interesaba lo que sabían sino cómo lo sabían, el mecanismo interno por el que una mente en formación va incorporando el mundo.
Encontró dos movimientos. Los llamó asimilación y acomodación.
La asimilación pasa de manera tranquila. Lo nuevo encaja en lo que ya tenías. El mundo confirma tus esquemas. Todo pasa. La acomodación significa algo diferente. Lo nuevo no cabe, el esquema se quiebra, y la mente tiene que reorganizarse desde adentro para seguir funcionando. Ninguno de los dos es mejor que el otro. Los dos son necesarios. Pero el dolor no es igual.
Ahora sube la escala.
En la gestión de procesos corporativos, esta oscilación tiene otros nombres: mejora continua y reingeniería. Hay momentos para optimizar lo que funciona y momentos para demolerlo y reconstruirlo desde cero. No se puede vivir en mejora continua para siempre. Al final, el sistema se termina.
Sube otra vez.
Hegel habló de esto en la historia. Un orden se pone en marcha. Ese orden tiene problemas y choca consigo mismo. Luego ese orden se derrumba, y de ese derrumbe sale algo nuevo que antes no estaba. Tesis, antítesis y síntesis. Y la síntesis, apenas se estabiliza, ya es la nueva tesis.
Y Melanie Klein, una psicoanalista que se atrevió a tomar en serio la ansiedad de los bebés cuando nadie más lo hacía, describió un movimiento análogo dentro de la mente humana: la posición depresiva (integración, culpa, reparación, la capacidad de ver al otro como alguien completo) y la posición esquizoparanoide (fragmentación, buenos contra malos, todo o nada).
Son teorías diferentes y están escritas en registros diferentes. Pero todas cuentan cómo hay una alternancia entre integración y ruptura que pasa una y otra vez en escalas muy distintas. En el cerebro de un niño de tres años y en una empresa de tres mil empleados tanto como en la historia de la civilización.
Lo que está pasando ahora mismo en el mundo tiene un nombre que nadie está usando.
3. El jugador más grande de la mesa
Make America Great Again no es un lema. Es un proyecto para adaptar las cosas en todo el planeta.
Nietzsche observó algo que duele leer: que la moral es, entre otras cosas, la estrategia del que no tiene poder para evitar ser arrasado por el que sí lo tiene. Esto puede ser un tema complicado y abierto a discusión, pero tiene algo que viene al caso. Cuando un grupo pequeño trata de negociar con un grupo grande, el grupo pequeño por lo general menciona la ética. Cuando mucha gente habla con pocas personas, la gente del grupo grande suele decir cuántos son.
Michael Porter de Harvard organizó algo que se aplica en las empresas. El poder de negociación crece cuando el tamaño es mayor. La comparación no es exacta porque los Estados no son empresas y el mundo no funciona como un mercado. Sin embargo, la idea de Porter muestra algo que muchas veces la moral liberal no quiere ver: el tamaño también tiene peso a la hora de negociar.
China ya lo está haciendo.
Durante muchos años, Estados Unidos fue la potencia más fuerte y el país que decía cuidar el orden en el mundo. Financiar la OTAN, sostener el libre comercio, exportar democracia (a veces a punta de bombas, pero ese es otro ensayo). Los países más pequeños se beneficiaban de ese arreglo. Algunos aprendieron a vivir dentro de sus costos sin asumirlos del todo.
La pregunta difícil es cuánto tiempo puede el jugador más fuerte de la mesa seguir poniendo dinero para seguir arriba.
Vista desde ahí, la posición de Trump no es un accidente de personalidad. No inventa la presión estructural; la convierte en estilo, en espectáculo y en doctrina. Era cuestión de tiempo antes de que la potencia dominante sintiera la tentación de dejar de jugar al garante moral y empezar a jugar a lo que es.
Eso no significa que sea fácil de ver. Significa que quedarse en la zona de confort ideológica impide pensar lo que está pasando. Y no pensar lo que está pasando es exactamente lo que este ensayo intenta evitar.
4. Ni de aquí ni de allá
Cuando tenía trece años me fui a vivir a Chile. Los chilenos me decían cholo por ser peruano. Algunos con cariño, otros no tanto. Cuando volví a Lima unos años después, mi apodo fue roto, por haberme chilenizado. También dicho a veces con afecto, a veces con filo.
Nunca fui suficientemente chileno para los chilenos ni suficientemente peruano para los peruanos.
Cuento esto porque ilustra algo que este ensayo va a provocar. La derecha lo va a encontrar irritante porque no celebra la reorganización como victoria. La izquierda lo va a encontrar irritante porque no la condena como catástrofe. Los que ya se dejaron colonizar por una ideología (cualquiera) van a sentir que no se toma partido.
No se toma.
No por cobardía. Esto pasa por el rigor clínico.
Bolognini escribió algo que cambió la manera en que muchos analistas escuchan en la consulta. Dijo que la empatía psicoanalítica no significa sentir empatía por todo lo que hace el paciente. La empatía es ponerse en el lugar del paciente y tratar de entender cada parte del paciente, hasta esas partes del paciente que no se llevan bien entre sí. El analista no toma partido por el superyó contra el ello. Entiende bien el conflicto desde todos los lados.
Tomar partido es lo que pasa cuando la ansiedad que genera la complejidad se vuelve insoportable. Y la complejidad de este momento es que lo que está pasando es, al mismo tiempo, una consecuencia estructural del sistema y genuinamente peligroso.
5. La huida hacia arriba
Donald Winnicott empezó como pediatra en Londres. Terminó como uno de los psicoanalistas más importantes del siglo XX. En 1935 escribió un ensayo donde habló sobre algo que llamó defensa maníaca. Lo que describió sobre cómo funciona este mecanismo se parece mucho a lo que pasa ahora.
Para Winnicott, la defensa maníaca no se entiende solamente con la idea de omnipotencia o con la negación. Es un poco más concreto: la incapacidad de darle plena significación a la realidad interna. Cuando la ansiedad depresiva se vuelve muy fuerte, la mente no solo se llena. Huye. Huye hacia afuera: hacia la acción, la aventura, el espectáculo, la realidad externa. Winnicott habló de esto como flight to reality, la huida hacia la realidad.
Lo que la mente hace en esta huida es omnipotente, triunfalista, despreciativa de lo que perdió. Pero lo más importante es lo que no hace: no puede experimentar el duelo. En la defensa maníaca, escribió Winnicott, mourning cannot be experienced. El duelo queda suspendido, cancelado, reemplazado por movimiento.
Winnicott dio ejemplos cotidianos. La radio que se deja encendida todo el día. La ciudad que nunca duerme. Los bailarines del music-hall tienen entrenamiento para moverse con mucha energía. Cada uno, a su manera, ofrece reaseguro contra una muerte interna que no se puede nombrar. Usos normales de la defensa maníaca, escribió. Mecanismos que todos empleamos.
La recepción de Artemis, el modo en que necesitamos leerla como unidad, como redención y destino compartido, opera de la misma manera. Es una defensa maníaca a escala civilizatoria. No como insulto. Como diagnóstico de una escena cultural.
La humanidad perdió algo y todavía no sabe cómo llamarlo. La ilusión de un mundo cooperativo tenía una fecha de vencimiento, y esa fecha ya pasó. La idea de que nos movíamos, lenta, torpe, hipócritamente, hacia alguna forma de integración. Naciones Unidas, la OMC, los tratados comerciales, la noción de que los derechos humanos eran un proyecto compartido.
Ese orden nunca fue inocente. Para muchos países, la cooperación global también significó subordinación, deuda, intervención y pedagogía moral desde arriba. A veces, una ilusión que no es justa igual tiene una función para la mente. La ilusión ayuda a poner en orden lo que la gente espera, a controlar la violencia, y también a imaginar un futuro.
Winnicott describió algo que llamó objeto transicional. El oso de peluche. La manta que el niño arrastra a todas partes. No es la madre, pero enseña una parte de la madre. Esto no es la realidad, pero ayuda a acercarse a ella. El oso no necesita ser real. Tiene que funcionar.
La ilusión de un orden cooperativo global era nuestro oso de peluche. No era la madre, ni la realidad, ni siquiera era justo para todos. Pero ayudaba a dormir.
Y algo en él se rompió.
Lo que pasa cuando eso se rompe y nadie hace duelo es exactamente lo que Winnicott describió: la huida hacia afuera. El Overview Effect — ese cambio cognitivo que los astronautas reportan al ver la Tierra desde el espacio, la sensación de unidad, de que las fronteras son una ficción — es una fantasía maníaca casi perfecta. Desde cuatrocientos mil kilómetros de altura no hay aranceles, no hay guerras, no hay fragmentación ni escisión entre buenos y malos. Solo hay una esfera azul, que se ve entera y sin dividir.
Una imagen demasiado exacta de lo que se necesita para no mirar lo que está pasando en la superficie.
6. Que Dios nos ayude
En 1990, después del gobierno de Alan García, Alberto Fujimori llegó al poder en Perú. Su ministro de economía, Juan Carlos Hurtado Miller, anunció un programa de ajuste brutal, el fujishock, y cerró su discurso televisado con una frase que quedó grabada en la memoria del país:
«Que Dios nos ayude.»
Casi toda la industria nacional desapareció. La inflación se detuvo. El costo social resultó muy alto. Muchos economistas dicen que con el paso del tiempo el cambio de modelo fue necesario. El fujishock no fue solo un cambio. Fue una destrucción. Y de sus escombros no salió solo una economía nueva. Salió una generación que creció con la violencia del tránsito.
Mirar la historia no deja pensar que todo colapso del orden es algo raro o simplemente un retroceso. Piaget y Hegel lo anticipan desde ángulos distintos; Klein lo nombra. Hay momentos en que el esquema tiene que romperse para que algo nuevo aparezca.
Pero la perspectiva clínica impide romantizar la ruptura. No toda destrucción prepara una síntesis. A veces solo destruye.
Y la defensa maníaca — la huida hacia la realidad externa que Winnicott describió — impide calibrar exactamente dónde estamos. Si en una reorganización que construye o en una que arrasa.
7. Lo que Houston perdió
El psicoanálisis no pretende detener lo que encuentra. No le dice al paciente deja de defenderte. Le dice: mira lo que estás haciendo, y decide si quieres seguir haciéndolo sabiendo lo que ahora sabes.
Este ensayo no pretende detener a Artemis, ni al nuevo orden mundial, ni a la alternancia entre integración y ruptura que lleva girando desde que existe la civilización. Esa alternancia va a seguir mucho después de que todos nosotros hayamos muerto.
Lo que sí pretende es nombrar la pérdida que este momento niega. Porque mientras no se nombre, la huida hacia arriba — la Luna, los cohetes, la canica azul sin fronteras — va a parecer la única respuesta disponible.
Y no lo es.
Hay otra respuesta, más incómoda, menos fotogénica, imposible de tuitear. Hacer el duelo por el mundo que teníamos, con todas sus fallas y todas sus hipocresías, y desde ahí, desde lo que queda cuando la omnipotencia se retira, construir lo que sigue.
Tal vez eso fue lo que Houston perdió. Houston no perdió una nave, Houston no perdió una misión, Houston no perdió una bandera. Houston perdió la capacidad de notar la diferencia entre la esperanza y la euforia.
La esperanza ve la pérdida y empieza a partir de ese momento.
La euforia despega.
Este ensayo inaugura una serie sobre eventos globales leídos como síntomas.
¿Quieres profundizar?
Sobre la defensa maníaca: Winnicott, D.W. (1935). The Manic Defence. In Through Paediatrics to Psycho-Analysis (pp. 129-144). London: Hogarth Press. Por qué leerlo: Winnicott describe la defensa maníaca no como simple omnipotencia sino como una huida hacia la realidad externa para no enfrentar la muerte interna. Su ejemplo del music-hall — bailarines entrenados para la vivacidad como negación de la muerte — es una imagen que no se olvida.
Sobre las posiciones de Klein: Klein, M. (1935). A Contribution to the Psychogenesis of Manic-Depressive States. International Journal of Psycho-Analysis, 16, 145-174. Por qué leerlo: El marco teórico que Winnicott desarrolla. Klein explica que la mente va cambiando entre la integración y la fragmentación. Dice que la pérdida hace que estos dos movimientos ocurran.
Sobre la empatía psicoanalítica: Bolognini, S. (2004). Psychoanalytic Empathy. Free Association Books. Por qué leerlo: Bolognini dice que la empatía no se trata solo de ponerse en el lugar de otra persona. Es sostener simultáneamente las partes en conflicto de alguien sin tomar partido por ninguna.
Sobre el objeto transicional: Winnicott, D.W. (1953). Transitional Objects and Transitional Phenomena. International Journal of Psycho-Analysis, 34, 89-97. Por qué leerlo: El oso de peluche no es la madre, pero permite transitar hacia la realidad. Winnicott explica por qué ciertas ilusiones son necesarias, y qué pasa cuando se destruyen antes de tiempo.
Sobre asimilación, acomodación y desarrollo cognitivo: Piaget, J. (1952). The Origins of Intelligence in Children. International Universities Press. Por qué leerlo: Cómo la mente oscila entre incorporar lo nuevo y reorganizarse cuando lo nuevo no cabe.
Sobre las fuerzas competitivas: Porter, M. (1979). How Competitive Forces Shape Strategy. Harvard Business Review, 57(2), 137-145. Por qué leerlo: Porter no menciona la geopolítica, pero ayuda a entender cómo el tamaño cambia cualquier negociación.
Sobre el realismo ofensivo en relaciones internacionales: Mearsheimer, J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. W.W. Norton. Por qué leerlo: Las grandes potencias se ayudan cuando sacar ventaja les conviene, no porque quieran hacer lo correcto. Cuando el cálculo cambia, la cooperación se va.
The Crossover Project es un esfuerzo intelectual independiente. Si este artículo cambió tu forma de pensar hoy, considera invitarnos un café. Toma menos de un minuto.
Apoyar en Ko-fi ☕Pago seguro vía Ko-fi · No necesitas cuenta
