Houston, Perdimos Algo

artemis houston thumbnail.png
12 min de lectura

Por qué el regreso humano a la Luna puede ser la forma más elegante de no hacer duelo

Psicoanálisis × Geopolítica


1. La canica azul

El 10 de abril de 2026, la cápsula Orion cayó en el Pacífico. Cuatro astronautas — Wiseman, Glover, Koch, Hansen — acababan de pasar por detrás de la Luna y volver, sin alunizar, sin quedarse, apenas rozando el borde de lo que creíamos imposible. Fue la primera vez desde 1972 que seres humanos viajaban al espacio profundo. La nave se llamaba Integrity.

La prensa lo bautizó Moon Joy. Las redes se llenaron de banderas y emojis de cohetes. Reid Wiseman, el comandante, dijo que la misión buscaba unir al mundo.

Nadie preguntó lo obvio.

¿Unir al mundo? ¿Ahora?

Llevamos meses viendo cómo el orden internacional se descompone en tiempo real. Aranceles que se multiplican. Alianzas que se rompen. Una guerra en Europa que ya nadie sabe cómo terminar. Y en medio de todo eso, mandamos a cuatro personas a rodear la Luna para que nos cuenten, desde cuatrocientos mil kilómetros de distancia, que la Tierra se ve como una canica azul sin fronteras.

Es una imagen hermosa. Demasiado hermosa. Y eso es lo que debería preocuparnos.


2. Lo que el niño ya sabía

Jean Piaget pasó décadas mirando a niños pensar. No le interesaba lo que sabían sino cómo lo sabían, el mecanismo interno por el que una mente en formación va incorporando el mundo.

Encontró dos movimientos. Los llamó asimilación y acomodación.

La asimilación es tranquila. Lo nuevo encaja en lo que ya tenías. El mundo confirma tus esquemas. Todo fluye. La acomodación es otra cosa. Lo nuevo no cabe, el esquema se quiebra, y la mente tiene que reorganizarse desde adentro para seguir funcionando. Ninguno de los dos es mejor que el otro. Los dos son necesarios. Pero duelen diferente.

Ahora sube la escala.

En la gestión de procesos corporativos, esta oscilación tiene otros nombres: mejora continua y reingeniería. Hay momentos para optimizar lo que funciona y momentos para demolerlo y reconstruirlo desde cero. No se puede vivir en mejora continua para siempre. Eventualmente el sistema se agota.

Sube otra vez.

Hegel lo formuló a escala histórica: un orden se establece, entra en contradicción consigo mismo, colapsa, y del colapso emerge algo que no existía antes. Tesis, antítesis, síntesis. Y la síntesis, apenas se estabiliza, ya es la nueva tesis.

Y Melanie Klein, una psicoanalista que se atrevió a tomar en serio la ansiedad de los bebés cuando nadie más lo hacía, describió un movimiento análogo dentro de la mente humana: la posición depresiva (integración, culpa, reparación, la capacidad de ver al otro como alguien completo) y la posición esquizoparanoide (fragmentación, buenos contra malos, todo o nada).

Son teorías distintas, escritas en registros distintos. Pero todas describen una alternancia entre integración y ruptura que se repite a escalas radicalmente diferentes. En el cerebro de un niño de tres años y en una empresa de tres mil empleados tanto como en la historia de la civilización.

Lo que está pasando ahora mismo en el mundo tiene un nombre que nadie está usando.


3. El jugador más grande de la mesa

Make America Great Again no es un eslogan. Es un proyecto de acomodación a escala planetaria.

Nietzsche observó algo que duele leer: que la moral es, entre otras cosas, la estrategia del que no tiene poder para evitar ser arrasado por el que sí lo tiene. Brutal, discutible, pero contiene algo que aplica aquí: cuando un grupo pequeño negocia con uno grande, invoca la ética. Cuando un grupo grande negocia con uno pequeño, invoca su tamaño.

Michael Porter, desde Harvard, sistematizó algo parecido para el mundo corporativo: el poder de negociación es proporcional al tamaño. La analogía no es perfecta (los Estados no son empresas, y el orden internacional no es un mercado), pero la intuición de Porter ayuda a nombrar algo que la moral liberal suele ocultar: el tamaño también negocia.

China ya lo está haciendo.

Durante décadas, Estados Unidos jugó un juego extraño: ser la primera potencia mundial y el garante moral del orden internacional. Financiar la OTAN, sostener el libre comercio, exportar democracia (a veces a punta de bombas, pero ese es otro ensayo). Los países más pequeños se beneficiaban de ese arreglo. Algunos aprendieron a vivir dentro de sus costos sin asumirlos del todo.

La pregunta incómoda es: ¿cuánto tiempo puede el jugador más grande de la mesa seguir absorbiendo el costo de ser bueno?

Vista desde ahí, la posición de Trump no es un accidente de personalidad. No inventa la presión estructural; la convierte en estilo, en espectáculo y en doctrina. Era cuestión de tiempo antes de que la potencia dominante sintiera la tentación de dejar de jugar al garante moral y empezar a jugar a lo que es.

Lo cual no significa que sea cómodo verlo. Significa que quedarse en la zona de confort ideológica impide pensar lo que está pasando. Y no pensar lo que está pasando es exactamente lo que este ensayo intenta evitar.


4. Ni de aquí ni de allá

Cuando tenía trece años me fui a vivir a Chile. Los chilenos me decían cholo por ser peruano. Algunos con cariño, otros no tanto. Cuando volví a Lima tres años después, mi apodo fue roto, por haberme chilenizado. También dicho a veces con afecto, a veces con filo.

Nunca fui suficientemente chileno para los chilenos ni suficientemente peruano para los peruanos.

Cuento esto porque ilustra algo que este ensayo va a provocar. La derecha lo va a encontrar irritante porque no celebra la reorganización como victoria. La izquierda lo va a encontrar irritante porque no la condena como catástrofe. Los que ya se dejaron colonizar por una ideología (cualquiera) van a sentir que no se toma partido.

No se toma.

No por cobardía. Por rigor clínico.

Bolognini escribió algo que cambió la manera en que muchos analistas escuchan en consulta. Dijo que la empatía psicoanalítica no es empatía con «el paciente» como totalidad. Es empatía con las distintas partes del paciente, incluso con aquellas que están en guerra entre sí. El analista no toma partido por el superyó contra el ello. Empatiza con el conflicto completo.

Tomar partido es lo que pasa cuando la ansiedad que genera la complejidad se vuelve insoportable. Y la complejidad de este momento es que lo que está pasando es, al mismo tiempo, una consecuencia estructural del sistema y genuinamente peligroso.


5. La huida hacia arriba

Donald Winnicott empezó como pediatra en Londres. Terminó siendo uno de los psicoanalistas más influyentes del siglo XX. En 1935 escribió un ensayo sobre un mecanismo que llamó defensa maníaca, y su descripción de cómo opera resulta inquietantemente precisa para lo que estamos viviendo.

Para Winnicott, la defensa maníaca no es simplemente omnipotencia o negación. Es algo más específico: la incapacidad de darle plena significación a la realidad interna. Cuando la ansiedad depresiva se vuelve intolerable, la mente no simplemente se infla. Huye. Huye hacia afuera: hacia la acción, la aventura, el espectáculo, la realidad externa. Winnicott lo llamó flight to reality, la huida hacia la realidad.

Lo que la mente hace en esta huida es omnipotente, triunfalista, despreciativa de lo que perdió. Pero lo más importante es lo que no hace: no puede experimentar el duelo. En la defensa maníaca, escribió Winnicott, mourning cannot be experienced. El duelo queda suspendido, cancelado, reemplazado por movimiento.

Winnicott dio ejemplos cotidianos. La radio que se deja encendida todo el día. La ciudad que nunca duerme. Los bailarines del music-hall, entrenados para la vivacidad. Cada uno, a su manera, ofrece reaseguro contra una muerte interna que no se puede nombrar. Usos normales de la defensa maníaca, escribió. Mecanismos que todos empleamos.

La recepción de Artemis, el modo en que necesitamos leerla como unidad, como redención y destino común, opera de la misma manera. Es una defensa maníaca a escala civilizatoria. No como insulto. Como diagnóstico de una escena cultural.

La humanidad perdió algo que todavía no ha nombrado. La ilusión de un mundo cooperativo. La idea de que nos movíamos, lenta, torpe, hipócritamente, hacia alguna forma de integración. Naciones Unidas, la OMC, los tratados comerciales, la noción de que los derechos humanos eran un proyecto compartido.

Ese orden nunca fue inocente. Para muchos países, la cooperación global también significó subordinación, deuda, intervención y pedagogía moral desde arriba. Pero incluso una ilusión injusta puede cumplir una función psíquica: organizar expectativas, contener violencia, permitir futuro.

Winnicott describió algo que llamó objeto transicional. El oso de peluche. La manta que el niño arrastra a todas partes. No es la madre, pero representa algo de ella. No es la realidad, pero permite transitar hacia ella. El oso no necesita ser real. Necesita funcionar.

La ilusión de un orden cooperativo global era nuestro oso de peluche. No era la madre, ni la realidad, ni siquiera era justo para todos. Pero ayudaba a dormir.

Y algo en él se rompió.

Lo que pasa cuando eso se rompe y nadie hace duelo es exactamente lo que Winnicott describió: la huida hacia afuera. El Overview Effect — ese cambio cognitivo que los astronautas reportan al ver la Tierra desde el espacio, la sensación de unidad, de que las fronteras son una ficción — es una fantasía maníaca casi perfecta. Desde cuatrocientos mil kilómetros de altura no hay aranceles, no hay guerras, no hay fragmentación ni escisión entre buenos y malos. Solo una esfera azul, hermosa e indivisa.

Una imagen demasiado exacta de lo que se necesita para no mirar lo que está pasando en la superficie.


6. Que Dios nos ayude

En 1990, después del gobierno desastroso de Alan García, Alberto Fujimori llegó al poder en Perú. Su ministro de economía, Juan Carlos Hurtado Miller, anunció un programa de ajuste brutal, el fujishock, y cerró su discurso televisado con una frase que quedó grabada en la memoria del país:

«Que Dios nos ayude.»

Casi toda la industria nacional desapareció. La inflación se detuvo. El costo social fue devastador. A la larga, muchos economistas reconocen que el cambio de modelo era necesario. Pero el fujishock no fue solo una corrección: fue una demolición. Y de sus escombros no salió solo una economía nueva. Salió una generación marcada por la violencia del tránsito.

La perspectiva histórica impide creer que todo colapso del orden es anomalía o puro retroceso. Piaget y Hegel lo anticipan desde ángulos distintos; Klein lo nombra. Hay momentos en que el esquema tiene que romperse para que algo nuevo aparezca.

Pero la perspectiva clínica impide romantizar la ruptura. No toda destrucción prepara una síntesis. A veces solo destruye.

Y la defensa maníaca — la huida hacia la realidad externa que Winnicott describió — impide calibrar exactamente dónde estamos. Si en una reorganización que construye o en una que arrasa.


7. Lo que Houston perdió

El psicoanálisis no pretende detener lo que encuentra. No le dice al paciente deja de defenderte. Le dice: mira lo que estás haciendo, y decide si quieres seguir haciéndolo sabiendo lo que ahora sabes.

Este ensayo no pretende detener a Artemis, ni al nuevo orden mundial, ni a la alternancia entre integración y ruptura que lleva girando desde que existe la civilización. Esa alternancia va a seguir mucho después de que todos nosotros hayamos muerto.

Lo que sí pretende es nombrar la pérdida que este momento niega. Porque mientras no se nombre, la huida hacia arriba — la Luna, los cohetes, la canica azul sin fronteras — va a parecer la única respuesta disponible.

Y no lo es.

Hay otra respuesta, más incómoda, menos fotogénica, imposible de tuitear. Hacer el duelo por el mundo que teníamos, con todas sus fallas y todas sus hipocresías, y desde ahí, desde lo que queda cuando la omnipotencia se retira, construir lo que sigue.

Tal vez eso sea lo que Houston perdió: no una nave, no una misión, no una bandera, sino la capacidad de distinguir entre esperanza y euforia.

La esperanza mira la pérdida y trabaja desde ahí.

La euforia despega.


Este ensayo inaugura una serie sobre eventos globales leídos como síntomas.


¿Quieres profundizar?

Sobre la defensa maníaca:

Winnicott, D.W. (1935). The Manic Defence. In Through Paediatrics to Psycho-Analysis (pp. 129-144). London: Hogarth Press.

Por qué leerlo: Winnicott describe la defensa maníaca no como simple omnipotencia sino como una huida hacia la realidad externa para no enfrentar la muerte interna. Su ejemplo del music-hall — bailarines entrenados para la vivacidad como negación de la muerte — es una imagen que no se olvida.

Sobre las posiciones de Klein:

Klein, M. (1935). A Contribution to the Psychogenesis of Manic-Depressive States. International Journal of Psycho-Analysis, 16, 145-174.

Por qué leerlo: El marco teórico que Winnicott desarrolla. Klein describe cómo la mente oscila entre integración y fragmentación, y por qué la pérdida es el motor de ambos movimientos.

Sobre la empatía psicoanalítica:

Bolognini, S. (2004). Psychoanalytic Empathy. Free Association Books.

Por qué leerlo: Bolognini demuestra que empatizar no es «ponerse en el lugar del otro». Es sostener simultáneamente las partes en conflicto de alguien sin tomar partido por ninguna.

Sobre el objeto transicional:

Winnicott, D.W. (1953). Transitional Objects and Transitional Phenomena. International Journal of Psycho-Analysis, 34, 89-97.

Por qué leerlo: El oso de peluche no es la madre, pero permite transitar hacia la realidad. Winnicott explica por qué ciertas ilusiones son necesarias, y qué pasa cuando se destruyen antes de tiempo.

Sobre asimilación, acomodación y desarrollo cognitivo:

Piaget, J. (1952). The Origins of Intelligence in Children. International Universities Press.

Por qué leerlo: Cómo la mente oscila entre incorporar lo nuevo y reorganizarse cuando lo nuevo no cabe.

Sobre las fuerzas competitivas:

Porter, M. (1979). How Competitive Forces Shape Strategy. Harvard Business Review, 57(2), 137-145.

Por qué leerlo: Porter no habla de geopolítica, pero ayuda a pensar cómo el tamaño altera cualquier negociación.

Sobre el realismo ofensivo en relaciones internacionales:

Mearsheimer, J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. W.W. Norton.

Por qué leerlo: Las grandes potencias no cooperan por bondad sino por cálculo. Cuando el cálculo cambia, la cooperación se retira.


¿Qué es The Crossover Project?

Un espacio donde colisionan ideas que normalmente no comparten habitación. No para resolver la tensión entre ellas, sino para sostenerla, y ver qué aparece cuando dejamos de buscar respuestas fáciles.

Suscríbete para recibir la próxima colisión.

Únete a la Colisión

Déjanos tu correo y sé el primero en leer nuestro próximo análisis clínico.

Sobre el Autor

Oscar Rey de Castro es Psicólogo Clínico y Psicoanalista (Miembro de la International Psychoanalytical Association). Es un apasionado por conectar las neurociencias, la teoría psicoanalítica y la incansable cultura digital para decodificar nuestro comportamiento.

MEDICAL DISCLAIMER // NOTA CLÍNICA
El propósito de The Crossover Project es estrictamente la disección cultural e interdisciplinaria. Estos ensayos exploran la mecánica del comportamiento y la fenomenología pop a través del lente del psicoanálisis, pero no constituyen bajo ninguna aserción un diagnóstico, prescripción ni tratamiento terapéutico individual. La lectura de este archivo no sustituye el rigor del espacio clínico ni la consulta profesional directa.